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Familia Gómez

Desde el polvo, volver a creer.

En una vivienda de condiciones básicas vive la familia Gómez, un hogar pequeño en número, pero grande en resistencia. Allí habita doña Flor, una mujer de la tercera edad, junto a su hijo Félix, quien presenta una condición de discapacidad auditiva, y la esposa de este, quien tiene dificultades en el habla. Juntos han aprendido a comunicarse más allá de las palabras y a sostenerse mutuamente en medio de las dificultades.

Félix es el único proveedor económico del hogar. Su sustento proviene de trabajos informales y esporádicos: clasificar residuos, ayudar en fincas cercanas o realizar labores por encargo para vecinos. No existe estabilidad ni certeza, y los ingresos son limitados e irregulares. En promedio, la familia logra reunir cerca de $50.000 semanales, recursos que se destinan casi por completo a la alimentación diaria.

Aun así, este hogar no ha perdido la esperanza. Durante mucho tiempo, sus nietos aprendieron a caminar sobre un piso de tierra, creciendo entre carencias que nunca lograron apagar el deseo de un futuro mejor. Soñar con un espacio digno parecía lejano, casi imposible.

Hoy, con la intervención de la Fundación Pisos, esa realidad comienza a transformarse. El suelo que fue polvo se convierte en un piso firme, seguro y digno. Un cambio que no solo mejora la vivienda, sino que devuelve tranquilidad y bienestar. Para los nietos, significa crecer y caminar sin riesgos; para doña Flor y para Félix, es un motivo para recuperar la ilusión y las fuerzas para continuar.

Porque cuando una familia puede pisar firme, también encuentra razones para seguir adelante. Y desde ese nuevo suelo, la esperanza vuelve a sentirse posible.