El suelo que una madre siempre soñó.
Hay batallas que se libran en silencio, lejos de los reflectores, pero con una fuerza inmensa. La historia de Giselle Pérez es una de ellas. Madre soltera de Gael, de 2 años, y Valeria, de 11, ha dedicado cada día de su vida a construir un futuro mejor para sus hijos, aun cuando las circunstancias parecían ir en su contra.
Aunque es profesional en Trabajo Social, la falta de oportunidades laborales estables la ha obligado a enfrentar sola el desafío de sostener su hogar. Con ingresos limitados y trabajos ocasionales, ha aprendido a hacer rendir cada recurso, priorizando siempre el bienestar de sus hijos antes que el suyo.
Durante años, su vivienda estuvo construida principalmente en tablas, un espacio que apenas lograba protegerlos de las inclemencias del clima. Poco a poco, gracias a su esfuerzo y al apoyo de personas cercanas, la casa comenzó a levantarse en material. Sin embargo, el interior continuó reflejando las dificultades económicas de la familia, especialmente por el piso, que seguía siendo una de las mayores necesidades del hogar.

Las consecuencias de vivir en estas condiciones se hicieron aún más evidentes cuando Gael, el menor de la familia, permaneció 15 días hospitalizado debido a una bacteria en su estómago, una situación asociada a las condiciones del entorno donde crecía. Para Giselle, ver a su hijo en una cama de hospital fue uno de los momentos más difíciles de su vida y una razón más para no dejar de luchar por un hogar más seguro.
A pesar de cada obstáculo, nunca ha perdido la esperanza. Su mayor sueño no ha sido tener lujos, sino ofrecerles a Valeria y a Gael un lugar donde puedan crecer sanos, jugar con tranquilidad y construir recuerdos sin que el piso sea un riesgo para su salud.
Hoy, ese sueño comienza a hacerse realidad. Con la llegada de la Fundación Pisos, el hogar de Giselle empieza a transformarse desde la base. El lugar donde antes había tierra y preocupación dará paso a un piso digno, limpio y seguro, brindando a sus hijos un espacio más saludable para crecer.

Para Giselle, esta intervención representa mucho más que una mejora en la vivienda. Es la confirmación de que su esfuerzo ha valido la pena, de que no está sola y de que sus hijos podrán dar los próximos pasos de su infancia sobre un suelo que les ofrezca seguridad y esperanza. Porque cuando una madre lucha todos los días por el bienestar de sus hijos, un piso digno no solo cambia una casa: cambia la manera de mirar el futuro.


