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Familia Ruz

Cuando el suelo dejó de ser un riesgo.

La familia Ruz habita un lugar donde los sueños han tenido que aprender a convivir con el polvo. Su vivienda, construida en madera y ubicada lejos de lo que podría llamarse una calle, ha sido durante años el escenario de esfuerzo, cuidado y resistencia diaria.

El padre de familia trabaja como transportador informal, recorriendo la ciudad para llevar el sustento a casa. Inés, su compañera de vida, se dedica al cien por ciento al cuidado del hogar y de sus cuatro hijos, sosteniendo el equilibrio familiar desde lo invisible, desde lo cotidiano.

Entre ellos, destaca Matías, de apenas 2 años: inquieto, curioso y lleno de energía. Como todo niño, su lugar natural es el juego, pero el piso de tierra convirtió muchas de sus travesuras en riesgo. En la cocina y en el cuarto de sus padres, un plástico colocado para evitar que el polvo se levantara se volvió un obstáculo constante; Matías se enredaba, caía y se golpeaba con frecuencia.

En una ocasión, jugando en la sala, tomó un cucarrón del suelo y, creyendo que era algo inofensivo, se lo llevó a la boca. El resultado fue una urgencia médica que encendió todas las alarmas y recordó lo frágil que puede ser la infancia cuando el entorno no protege.

Sus hermanos mayores, en contraste con las dificultades, han demostrado un compromiso admirable con el estudio. Todos han recibido menciones de honor en el colegio, una muestra clara de que, aun en medio de la carencia, el esfuerzo y la disciplina siguen siendo pilares en su hogar.

Durante mucho tiempo, soñar con un piso digno parecía una idea lejana. Las condiciones de la vivienda y las circunstancias económicas hacían que ese anhelo se sintiera inalcanzable. Sin embargo, con la intervención de la Fundación Pisos, la historia empieza a cambiar.

Hoy, la familia Ruz no solo recibe un piso firme y seguro, sino también una rampa y escaleras que mejoran el acceso a su hogar y transforman su día a día. Es más que una obra: es tranquilidad para Inés, seguridad para Matías y una base más sólida para que toda la familia siga avanzando.

Porque cuando el suelo deja de ser una barrera, los sueños encuentran por fin dónde apoyarse.